Cuando la vida que “deberías” querer ya no se parece a la vida que quieres
Hace unos días mi mamá me recordó algo que yo había olvidado.
Cuando era niña, en la escuela me preguntaron qué quería ser de grande. Y una de mis respuestas fue algo parecido a:
“Quiero casarme y quedarme en casa, como mi mamá.”
Desde mis ojos de niña tenía muchísimo sentido.
Mi papá era un gran proveedor. Mi mamá estaba en casa. Yo veía una familia, estabilidad y una forma de organizar la vida que también había observado en mi abuela, mis tías y otras mujeres cercanas.
Nadie tuvo que decirme:
“Diana, cuando seas grande tienes que vivir así.”
Yo lo aprendí observando.
Y lo más interesante es que durante mucho tiempo realmente pensé que eso era lo que quería.
Después crecí, me casé e intenté habitar aquella vida que había imaginado.
Y descubrí algo:
no funcionaba para mí.








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